La pausa del tiempo

 

Me ocurre muy a menudo que cuando salgo de la ciudad tengo la impresión de que el tiempo se detiene o, mejor dicho, va más despacio, sin prisas. Puede ser una sensación derivada de vivir en la costa, donde todo se hace a la carrera, incluso cuando no tienes nada que hacer ni lugar al que llegar por obligación, como si tu mundo se acabara si no llegas en tiempo record a la siguiente esquina.

Mari Trini (Carratraca)
Mari Trini (Carratraca)

Después de tantas visitas a los pueblos de interior he acabado por comprender algunas cosas, o al menos eso creo. Hay diferencias que oportunamente el paso de tiempo me ha mostrado, como que en la ciudad se ha perdido la cortesía del saludo al desconocido. No quiero decir que en calle Larios en hora punta vayas dando los buenos días y repartiendo saludos a todo el que en tu camino se cruza, no, que eso sería prueba evidente de que se te ha ido la olla. Pero en ocasiones me pasa que salgo de mi casa temprano, doy un largo paseo y cuando regreso, reparo que me he cruzado con cientos de personas y ni una sola palabra con nadie. Como un ermitaño rodeado de congéneres, algo raro, sí. Podría ser que mi condición es arisca y algo solitaria, pero ¿y los que se cruzan conmigo también son ariscos y solitarios?, no, sería mucha casualidad.

 

 

Los pavos de Mari Trini Y Pedro (Carratraca)
Los pavos de Mari Trini Y Pedro (Carratraca)

En los pueblos de interior ocurre todo lo contrario. Recuerdo en Alpandeire, un frío día de enero, paseando por una de sus calles empinadas me crucé con una señora muy mayor que iba subiendo apoyándose en la pared, no me dio tiempo a suspirar cuando ya me había saludado de este modo: “Buenos días, ahí voy, ancá María, que tiene una recacha mu buena, que es que en mi casa no se pué está”. Debí corresponderle contándole qué carajo hacía yo allí, en un pueblo que no era el mío, evadiéndome de los fantasmas de la ciudad, de la hipocresía que me rodeaba, pero me limité a decirle “buenos días, señora”, no era cuestión de preocuparla con las idioteces propias de un imbécil de ciudad, al fin y al cabo su intención era ser cortés antes de llegar a la recacha de la casa de María.

 

Otra vez, en Cañete la Real, estaba haciendo fotos a los buitres que pululan por la zona los días que echan los restos de animales del matadero en el mular cuando se me acercó un pastor, Antonio, que me habló de manera pausada de los cortijos de la zona, de las costumbres de sus gentes y del lugar que me aconsejaba como el mejor para mi propósito fotográfico. Simplemente asentí a cada frase que pronunciaba. En justa correspondencia debí hablarle de mis vecinos mudos, de las distintas especies de buitres que me rodean en mi hábitat natural y de que posiblemente yo podría ser uno de ellos, pero me abstuve por no herir su sensibilidad y porque carecía del más mínimo interés para él; era yo el que estaba en su terreno, siendo él el que no mostraba curiosidad por saber nada de mi vida. He de suponer que ninguna falta le hacía.

 

Cortijo La Noria (Antequera)
Cortijo La Noria (Antequera)

Así que, resumiendo, que me resulta cada vez más placentero perderme entre gente que administra su tiempo de forma pausada, que aún te hablan de tajeas cuando se refieren a canales de agua, de vereas cuando lo hacen de caminos y de recachas para indicar un lugar resguardado del frío y de la lluvia, para traerme imágenes de corte costumbrista, que ser absorbido por una marabunta de gente más pendiente de las pelusas de sus ombligos, de fantasmear de logros imposibles y de compararse con el vecino, para traerme fantasmas en la tarjeta de mi cámara.

 

Saludos cordiales.

 

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Comentarios: 2
  • #1

    Pedro Fernández (lunes, 23 enero 2012 20:50)

    Mari Trini es la madre de uno de mis mejores amigos.

  • #2

    pacoruizfotos (lunes, 23 enero 2012 21:02)

    Pedro, pues Mari Trini es una de esas personas que cuando conoces te inyectan ganas de vivir, es amable, simpática, hospitalaria,es un gustazo verla en la puerta de su casa saludando a todo el mundo, riendo carcajadas. Y Pedro exactamente igual. Me he alegrado mucho haberlos conocido.